jueves, 23 de septiembre de 2010

Protección contra un Vampiro

Existen muchos ritos tradicionales para evitar que un muerto se convirtiera en un vampiro. Entre los celtas una de las más extendidas era enterrar el cuerpo cabeza abajo, como también colocar hoces o guadañas cerca de la tumba, para evitar que los demonios posean el cuerpo o para apaciguar al muerto y que no se levantara de su ataúd. Con igual propósito se acostumbraba cortar los tendones de las rodillas.

En la Grecia moderna se pone una cruz de cera y una pieza de cerámica con la inscripción "Jesucristo conquista" sobre el pecho del cadáver para evitar que se convierta en vampiro.

En Europa Oriental, era frecuente introducir un diente de ajo en la boca, y a veces en los nueve orificios corporales de los muertos, así como atravesarles el corazón con un objeto punzante antes de inhumarlos. En las regiones sajonas de Alemania, se colocaba un limón en la boca del sospechoso de ser un vampiro.
Los gitanos clavaban agujas de hierro y acero en el corazón del cadáver y colocaban pequeños fragmentos de acero dentro de la boca, sobre los ojos, en las orejas y entre los dedos durante el entierro. También introducían espino en el calcetín del muerto, o le clavaban una estaca de espino en las piernas.


Talismanes, sustancias y objetos protectores

Variados objetos y sustancias, que varían de región en región, son mencionados en las leyendas sobre vampiros por tener la propiedad de alejarlos o destruirlos. En Europa se dice que una rama de rosa silvestre o de espino pueden dañar al vampiro, así como el ajo o el azufre y objetos sagrados como un crucifijo, un rosario o el agua bendita.

En algunas regiones de Sudamerica, cuando una mujer deja en la casa a su hijo dormido, pone sal y unas tijeras al lado del niño para ahuyentar a vampiros y brujas.

Otros métodos comunes en Europa incluían esparcir semillas de mostaza o arena sobre el tejado de la casa a proteger o en la tierra de una tumba sospechosa de contener a un vampiro para mantenerlo ocupado durante toda la noche contando los granos caídos. Historias chinas similares relatan que si un vampiro se encontraba con un saco de arroz, tendría que contar todos los granos uno a uno.

Aunque no se consideran como un objeto de protección,  los espejos, debido a que no se reflejan en ellos, han sido utilizados para alejar a los vampiros cuando se situaban en una puerta, situando el espejo mirando hacia afuera. Curiosamente, en tradiciones orientales, también se utiliza un espejo en la puerta de la casa para alejar los malos espíritus y las energías negativas.

Destrucción de un vampiro

Estuche para un cazador de vampiros de 1840 exhibido en uno de los museos de Ripley. (Josh Berglun)

En los Balcanes, existía la figura del cazador de vampiros, que según la tradición gitana es el hijo o descendiente de un vampiro con el poder de detectarlos, aunque fueran invisibles y también destruirlos. Hasta principios del siglo XX, eran ofrecidos a los viajeros que iban a visitar Europa del este unos estuches o "kits" con las herramientas tradicionales para destruir vampiros. Ahora son propiedad de ciertos museos de curiosidades o de coleccionistas aficionados a lo esotérico.

Métodos:
  • Clavar una estaca en el corazón de los cadáveres sospechosos de ser vampiros es el método más citado, particularmente en las culturas eslavas del sur. La estaca solía clavarse apuntando a la boca en Rusia y en el norte de Alemania, o al estómago en el noreste de Serbia. Atravesar la piel del pecho era una manera de "desinflar" al vampiro hinchado; es similar al acto de enterrar objetos afilados, como hoces, junto al cadáver, de forma que penetrara en la piel si el cuerpo se hinchaba lo suficiente mientras se transformaba en un no-muerto.
  • La decapitación era el método preferido en las áreas germanas y eslavas del oeste, enterrando la cabeza junto a los pies, tras las nalgas o alejada del cuerpo. Este acto se veía como un modo de acelerar la marcha del alma, que, en algunas culturas, se creía que permanecía en el cuerpo.
  • La incineración completa del cadáver o del corazón y rociar agua hirviendo sobre la tumba eran medidas adicionales frecuentes. También, sobre todo en casos recalcitrantes, se desmembraba el cuerpo y se quemaban las partes, y las cenizas mezcladas con agua se suministraban a los familiares a modo de cura.
  • Repetir el funeral, rociando agua bendita sobre el cadáver, o con un exorcismo, era una medida frecuente en los Balcanes.
  • Disparar una bala a través del ataúd, y colocar un ajo en el interior de la boca, eran precauciones que se tomaban en Rumania hasta una época tan reciente como el siglo XIX.

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